Aitor Tornavaca ha comprendido que el fútbol consiste en no cejar. A sus 32 años, cumplidos esta misma semana, hay quien le pregunta por el momento de su adiós al fútbol. «¿Retirarme? ¿Pero si llegué a Primera con 30 años! Ni pensarlo». De hecho, ya ha abierto negociaciones con su club para renovar. «El acuerdo está muy cerca», se felicita.
Tornavaca, del vitoriano barrio de Aranbizkarra, es uno de los muchos jugadores que han salido de la prolífica cantera del Aurrera de Vitoria. A los 17 años, después de jugar con la selección vasca, fue captado por el Sporting. El Athletic no tardó en reaccionar y le ofreció un sitio en su segundo equipo juvenil. Pero Aitor puso rumbo a Asturias. «Cuando ya estaba comprometido con ellos, desde el club me dijeron que Real Madrid y Athletic también me querían. ¿Para mí el Athletic era la leche! Pero me decidí por el Sporting porque me daban su primer equipo juvenil y me dio la sensación de que el Athletic se había movido porque me iba a Gijón».
Aitor comenzó poco después un largo peregrinaje por equipos de Segunda. Cuatro años atrás aterrizó en
Huelva. Hoy es el capitán y uno de los símbolos del equipo. «Lo más grande que me ha pasado en el fútbol lo he vivido en el Recreativo», dice con la vista puesta en el ascenso a Primera de 2005-06 y la excepcional campaña que les dejó al borde de la UEFA el pasado curso. Interior izquierdo, es un jugador que nunca hace dudar a sus entrenadores. Su seguridad y entrega garantizan siempre un rendimiento superior al aprobado.
Aitor no puede jugar hoy. El único vasco de la plantilla del Recreativo se pierde el partido por acumulación de amarillas. «Una pena, aunque mi experiencia con el Athletic no es buena. No les he ganado ninguno de los tres partidos. Eso sí, me he dado el gustazo de jugar en San Mamés, un campo que impresiona. En mi primer partido, la pasada campaña, se me pusieron los pelos de punta al oír los aplausos que le gente daba a Urzaiz cuando lo cambiaron después de meter tres goles. Perdíamos 4-1 en aquel momento, pero me daban ganas de llorar de la emoción».
Animado por una trayectoria ascendente, el Athletic acude al Nuevo Colombino dispuesto a certificar su adiós a la lucha por el descenso y su inclusión con todas las de la ley en la batalla por ir a Europa. Tornavaca da por borrados a los rojiblancos de la pugna por no bajar, en la que su equipo, tercero por la cola, está metido por entero. «Tiene 39 puntos, siete más que nosotros. Ya no lo cuento entre nuestros rivales en la lucha por la permanencia. De todas formas, prefiero que venga así. Estará más relajado porque, si pierde, no le pasa nada».
A balón parado
Manolo Zambrano, el entrenador que sustituyó en el Recreativo a Víctor Muñoz, convocó ayer a sus jugadores a una sesión en el Colombino a puerta cerrada. Antes de saltar al campo, diseccionó a los rojiblancos. «Nos ha dicho que es un equipo que se siente cómodo defendiendo, que no le importa dónde, como si tiene que meter ocho en su área. Además, ha insistido en que es muy agresivo, que busca el juego directo a Llorente cuando se siente presionado y muy peligroso en las segundas jugadas y en la estrategia. Según el míster, el Athletic de Caparrós se toma cada jugada a balón parado como si fuera la última del partido».
Tornavaca hace cuentas. Al Recreativo le quedan nueve partidos. Athletic, Levante, Villarreal, Barcelona y Valladolid, en casa, y Osasuna, Zaragoza, Atlético de Madrid y Almería, fuera. «Tenemos que sacar tres victorias y dos empates. De los cinco partidos de casa, contamos con ganar tres, al Athletic, Levante y Valladolid».
Le llegada de Zambrano ha reactivado a los andaluces. «Con el primer entrenador (Víctor Muñoz) nos movíamos por impulsos, un poco a lo que salía, sin un estilo definido. Ahora nuestro juego ha ganado en crédito. Somos en casa un equipo a la vez agresivo y alegre, que intenta jugar bie